GRAN EXITO DEL FESTIVAL HOMENAJE A BARNABY CONRAD EN CASTILLO DE LAS GUARDAS (SEVILLA), ESPAÑA por Mario Carrión

El 23 de septiembre del 1945 el renombrado autor norteamericano Barnaby Conrad toreó un festival como aficionado practico, con el revolucionario matador Juan Belmonte en el cartel, en la bonita Plaza de Toros de Castillo de las Guardas. Conrad publicó The Encyclopedia of Bullfighting (La enciclopedia del toreo) y How to Fight a Bull (Como torear un toro) entre otros varios libros de tema taurino. Es la persona que quizás haya contribuido más a expandir el conocimiento de la fiesta brava en el mundo de habla inglesa. Pero a la vez el autor puso en práctica con animales reales la teoría de la que escribía. Conrad luego llegó a torear a menudo en el campo y en festivales como aficionado, convirtiéndose en lo que los americanos llaman un aficionado practico o solamente practico, sin acento, pues en ese idioma no existe. El 14 de abril del 2002, casi 57 años después, seis practicos de tres diferentes nacionalidades, acompañados por el matador inglés Frank Evans, torearon en el mismo ruedo, para conmemorar la efemérides, y como homenaje a Barnaby Conrad, el patriarca de los practicos.

Definamos lo que significa el término practico. Es una persona aficionada a los toros que, después de haberse envuelto en las prácticas comunes de un aficionado, tales como asistir a las corridas y coloquios, ser socio de una peña taurina, leer revistas y libros de temas taurinos, y otras tantas actividades de este tipo, un día decide que desea sentir la emoción de sentirse pasar cerca de la barriga los cuernos de un animal bravo. Unos, después de conseguir ponerse delante de una res de casta, se dan cuentan que la emoción es demasiada para ellos, entonces se conforman con presumir de su hazaña. Otros, como los seis aficionados que actuaron en Castillo de las Guardas, envenenados por el 'gusanillo de la afición', persisten en torear como un hobby hasta que el cuerpo les aguante. El practico no tiene aspiraciones profesionales, solo busca ocasiones para seguir toreando, y así satisfacer ese interno anhelo de dominar y dar pases a una fiera brava.

La dedicación al toreo de estos hombres asombra, pues ellos no buscan ni reconocimiento, ni gloria o dinero como los toreros profesionales, sino solamente la satisfacción personal de hacer algo que pocos consiguen. Para ello se exponen a ser heridos, pues no hay animal bravo por chico que sea que no sea capaz de mutilar o matar, o a hacer el ridículo delante del público algo les sale mal en la actuación. Además, encima de todo, los practicos tienen que pagar por el privilegio, financiándose gastos de viajes, de organización del festejo, e incluso de la compra de la res brava a la que se oponen. Ahora bien, cuando como en Castillo de las Guardas, las cosas salen bien y el público recompensa los logros con aplausos y trofeos, entonces, el éxtasis que se siente no tiene precio.

Castillo de las Guardas es un pintoresco pequeño pueblo sevillano, con sus blancas casas arraigadas en la ladera de un montículo de la Serranía de Aracena. Está situado a 57 kilómetros de Sevilla. El pueblo debe su nombre a un castillo medieval que también es su principal atracción turística. La segunda atracción es la Plaza de Toros, la cual data del siglo XIX. Tiene unas únicas características que le proporcionan encanto. El tendido rodea solo a medio redondel, y el resto del ruedo está cercado por una baja valla de piedra que deja a plena vista un paisaje idílico. Parecía algo irreal el estar sentado viendo a los practicos, luciendo el típico traje corto andaluz, hacer el paseíllo, mientras se observaba una bella escena a la distancia. En el primer plano aparecían las blancas fachadas de los edificios que contrastaban con el verdor primaveral de los ondulantes montes en el horizonte. Todo parecía estar pintado en el lienzo azul del cielo. Esta gráfica vivencia en sí mismo justificaba el haber dejado la Feria de Sevilla por unas horas. Luego el buen resultado del festival haría la experiencia aún más apreciada.

El público que ocupaba el tendido tenía un carácter internacional, pues aparte de los espectadores locales y de los que habíamos venido desde Sevilla, predominaba un grupo de ingleses, en su mayoría compuesto por socios del Club Taurino de Londres, y algunos norteamericanos que habían venido a España con motivo de la Feria de Abril de Sevilla, y con el expreso motivo de venir al festival.

El festival estaba anunciado para comenzar al mediodía, para darles tiempo a los aficionados para asistir a la corrida de la feria sevillana, en la cual actuaban José Ortega Cano, Rivera Ordoñez y Eugenio de Mora pero, debido a algunos imponderables, comenzó casi una hora más tarde. A nadie le importó el retraso pues todo el mundo estaba disfrutando de la vista y de la compañía. Claro eso no incluye a los practicos, a quienes la espera les aumentaría la ansiedad y el miedo que se siente en esos momentos.

Se lidiaron siete erales adelantados de la ganadería de los Hermanos Garcia-Palacios, de origen de Concha y Sierra, localizada en San Bartolomé de la Torre, Huelva. Tenían el tamaño y el peso apropiado para un festival, y todos menos el último, el cual desarrolló algunas dificultades para el torero, mostraron nobleza y bravura, tanto con el caballo como con los de a pié y carecieron del incómodo genio, por el cual el hierro de Concha y Sierra es temido.

Debido a que los novillos entraron a la arena en diferente orden que el prescrito, se alteró el orden en que los toreros deberían de haber actuado, basado en la antigüedad. Abrió plaza el practico británico Jaime del Amo, el más joven y con menos experiencia de los actuantes. Después de algunos capotazos, clavó un par de banderillas al novillo, pero desistió de completar el tercio. Con la muleta consiguió algunos pases buenos, pero sin ligar. Estuvo siempre valiente y voluntarioso ya Muriel Feiner, quien presidía el festejo, le concedió un trofeo, a pesar de la dificultad que tuvo matando. Fue aplaudido fuertemente, premiándose su voluntad de agradar.

Le siguió su compatriota Frank Evans, el matador de Manchester, quien torea a menudo en los cosos de la Costa del Sol. Frank mostró su maestría ligando pases esenciales, intercalados con algunos de adorno. Quizás, la faena careció de más emoción por la facilidad de su toreo. Mató de un estoconazo y dio vuelta con las dos orejas y rabo en sus manos.

Norteamérica estaba muy bien representada en elfestival, pues cuatro de los practicos eran nativos de esa nación. Bruce Hutton, Guillermo Torres Lira y Peter Rombold son de California y Jim Verner de Arizona. Bruce, Guillermo, Peter y Jim son lo que podíamos denominar como practicos veteranos, ya que llevan muchos años participando en encerronas, tientas y festivales. Son hombres maduros que, aunque actúan como aficionados, muestran experiencia en el ruedo. Como ejemplo de tal experiencia podemos referirnos a Jim, quien debutó en Nogales, México, en 1961 y luego ha continuado actuando en Ecuador, Perú, Colombia y España. Por consiguiente, los cuatro parecen conocer el toreo, ya que cuando confrontan a un bravo animal permanecen en control de la situación.

Jim, el hombre de Arizona, toreó bien de capa, especialmente por verónicas y después de brindarle el excelente novillo a su madre, quien se hallaba en el tendido, compuso una bonita faena, comenzada de hinojos con pases por altos. Su fuerte es el dominio, y a pesar de su altura que hace al novillo aparecer chico, pero por su buen que hacer transmite emoción al tendido. Pinchó antes de despachar al toro de una estocada algo defectuosa. Se llevó dos merecidas orejas. Bruce Hutton también paseó otras dos orejas, ganadas por su variada labor con el capote y por su compacta faena con la muleta, en la cual sobresalieron unos magníficos derechazos, que fueron rematados con un apretado pase de pecho. Acabó con su buen novillo de un pinchazo y una estocada entera. Guillermo Torres Liria, también venido de San Diego, toreó con capote y muleta con un toque asevillanado, especialmente con el capote, con el que consiguió hacer un buen quite por verónicas con los pies juntos. El novillo repetía con codicia, lo que le permitió hacer una faena ligada compuesta con pases de varias marcas. Su buena labor complementada con una buena estocada le puso en las manos los máximos trofeos La actuación del angelino Peter Rombold, no desmereció a las de sus compatriotas, pues con otro novillo noble y bravo también completó una larga y emotiva faena que fue coreada por el público con sonoros aplausos. La culminó con otra efectiva estocada con lo que otras dos orejas y un rabo fueron sumadas a las conseguidas por los practicos gringos.

El francés Hervé Galtier cerró el entretenido festival con poca suerte, pues su novillo fue el único que ofreció dificultades, o sea el más Concha y Sierra del día. Sin embargo, él no se aminoró y le ofreció una gallarda pelea, sacando uno que otro pase bueno. Lástima, que con la espada falló varias veces y no pudo obtener trofeos como sus compañeros. Otra vez será, porque al francés se le vieron buenas maneras y clase.

El buen resultado del festival no fue solamente debido a la buena actuación de los participantes, quienes también financiaron el evento, y a la bravura del ganado lidiado, sino además contribuyeron los estudiantes de las escuelas taurinas sevillanas que actuaron como banderilleros, luciéndose con las banderillas y en la brega y el picador Manolo Espinosa que usó la puya con mesura. Además merecen un crédito especial el matador retirado Curro Camacho, Muriel Feiner y Jim Verner, quienes llevaron el peso de la organización, y por consiguiente el alcalde de Castillo de las Guardas, Francisco Casero Martín, quien proveyó la plaza de toros gratis, facilitando el que se llevara a cabo el proyecto. También cooperaron promocionado el festejo los socios de las Asociación Internacional de Aficionados y Prácticos y del Club Taurino de London.

Sin duda, desde la distancia, el homenajeado Barnaby Conrad, a quien le fue imposible estar presente en el pueblo donde hace más de cinco lustros mató su primer novillo, se sentirá orgulloso de que el festejo dado en su nombre obtuviera un éxito total.

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