Por la mañana  Enrique Ponce, Antonio Ferrera y Cayetano lidiaron toros de Zalduendo que en conjunto fueron manejables con la excepción del tercero. Ferrera, que conmemoraba el quince aniversario de su alternativa, celebró ante sus paisanos esa efemérides con un sonado triunfo, el que Carlos Crivell juzga de esta manera en Sevillatoro.com:

A Ponce le tocó en suerte dos ejemplares de Zalduendo sosos que tenían poca transmisión,  a los que el  maestro toreó con su bien conocida técnica y peculiar templada facilidad.  A su primero estuvo sobándolo para sacarle pases mientras que el astado  pretendía ignorar la muleta que el diestro le ofrecía. Se deshizo del animal con media estocada y descabello, y el público le hizo saludar desde el  tercio. Sus mejores momentos los consiguió en su faena al cuarto en el que el toreo derechista fue mejor conseguido que las series con la izquierda. Mató de una estocada efectiva y paseó una oreja. Lanceó con lucimientos a ambos toros, Por otro lado, Cayetano, después de no resolver lucidamente los problemas que le presentó su primero, con el que estuvo poco decidido, se desquitó lidiando al que cerró plaza, el astado mejor del encierro, al que le cortó una oreja. Ya con el capote dio buenas notas al lancear con vistosidad y hacer un bonito quite por saltilleras. Con la muleta estuvo decidido al iniciar la faena de rodillas para seguir  toreando con clase y majestad, y al acabar con el noble y bravo toro de una estocada algo trasera, cortó una oreja.

El programa de la corrida del fin de fiesta no pudiera haber sido más interesante, pues además del deseo de ver actuar al genial Morante y al clásico y fino diestro Manzanares, existía un súper interés, algo morboso, por ver como el valiente veterano Padilla en su reaparición, después de unos cinco meses de intensos tratamientos clínicos y físicos para su recuperación de la terrible cogida que recibió el 7 octubre en Zaragoza, se ajustaría a torear sin la visión del ojo izquierdo. 

La tarde estuvo llena de emociones, causadas por la presencia en la  plaza de un hombre que esos momentos se le considera tanto torero como héroe. Hubo brindis a los doctores que lo habían atendido y al padre del torero, brindis de Morante y Manzanares a Padilla, y una salida a hombros llevado por un puñado de toreros presentes. Por otro lado, la preocupación de cómo el jerezano se comportaría en el ruedo fue innecesaría, pues el valiente diestro lidió a sus toros como si el parche que le tapaba el ojo izquierdo no existiera. Cito parte de lo que escribió Andrés Amorós en ABC con referencia a la parte taurina: 

Aunque sin quitarle protagonismo al diestro jerezano,  Manzanares y Morante dieron también notas relevantes. El de la Puebla le compuso a su primero una faena primorosa, haciendo alardes de su gracia y de esos toques de toreo añejo, que ha añadido a su tauromaquia, y al matar con facilidad de media estocada, se ganó una merecida oreja. Ahora bien, con el quinto, un animal con dificultades, Morante no se complicó la vida, abrevio y a otra cosa. El público reaccionó con división de opiniones. A Manzanares le tocaron dos toros con algunas complicaciones, pero el alicantino se impuso a ellos con firmeza, y aunque si redondear faena, tuvo  momentos lucidos, especialmente con el tercero. Al tercero le ejecutó la suerte suprema al volapié con la verdad y facilidad que le caracteriza. Le concedieron un apéndice. Al sexto lo pinchó antes de cobrar una buena estocada y fue fuertemente ovacionado.  

El final de la interesante Feria de Olivenza, en la que se presenciaron muchas cosas buenas, fue emotivo el ver al Ciclón de Jerez traspasar la Puerta Grande siendo llevado a hombros por sus compañeros. Suerte, maestro.