El abono de la Semana Grande de San Sebastián constó de cuatro corridas de toros, celebradas entre el sábado 11 y el martes 15 de agosto.  De ellas presencié en la televisión por medio del Internet los dos primeros festejos del ciclo, que el sábado 11 y domingo 12 fueron televisados por Canal+toros.

Aunque los cuatro festejos del ciclo tenían carteles muy interesantes, las dos primeras corridas para mí tenían el aliciente de que en cada una de ellas dos jóvenes valores competían con una madura figura, mientras que en las dos últimas los componentes de los carteles eran todos figuras.

El sábado a las seis de la tarde, ante aproximadamente unos seis mil espectadores, la mitad del aforo del coso, hicieron el paseíllo por el ruedo de la Plaza de Illumbre el genial maestro Morante de la Puebla, la nueva estrella Roca Rey y Ginés Marín, la revelación de la temporada, que se alterntivaron en el 1997, 2015 y 2016, respectivamente. Al romperse el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Iván Fandiño.

Se esperaba mucho de las actuaciones de los tres espadas, pero unos serios toros de Zalduendo, que con la excepción del manejables segundo y el exigente sexto, fueron deslucidos, descastados y tenían un peligro sordo, no permitieron a los diestros obtener un triunfo rotundo, a pesar de que Roca Rey y Ginés Marín lo intentaron por todos los medios y Morante, a sabiendas de la  imposibilidad del éxito, ni siquiera trató de hacerlo.

Morante al primero, un astado que embestía a arreones y tenía la fuerza justa, lo recibió con unos lances de tanteo, y se iba sin hacer quite, pero al Roca Rey lucirse con un quite variado, el maestro le respondió ejecutando unas templadas verónicas más media. Con la muleta, tras dar unos doblones para probar al toro, inició una tanda de derechazos, pero al flojo animal doblar las manos, decidió abreviar, y al matar de una estocada atravesada tras un pinchazo, que necesitó del uso del descabello, el público le guardó un respetuoso silencio. Ese no fue el caso con el más complicado cuarto toro, con el cual el de la Puebla no se esforzó  ni con capote ni muleta y, al deshacerse del dificultoso animal con una estocada delantera y caída tras varios pinchazos, el público perdió la paciencia y lo abroncó tanto al retirarse al callejón como al abandonar la plaza.

Andrés Roca Rey, que llegaba a Illumbre, tras el día anterior haber salido a hombros del coso de Gijón, no quería irse de vacío para no interrumpir su racha de continuos triunfos. Lo consiguió cortando una oreja al segundo bis, la única concedida esa tarde. El segundo toro fue retirado a los corales por doblar las manos a la salida. El peruano decidió lidiar el segundo de su lote dejando al sobrero para que saliera en quinto lugar. Su primer toro, aunque sin clase, tuvo movilidad permitiendo al diestro torearlo lucidamente con oficio y decisión. Lo saludó de salida con unas buenas verónicas y lo llevó al caballo galleando. No le hizo quite, pero al Ginés Marín hacerle uno por saltilleras, Andrés le respondió con un ajustado quite de frente por detrás. Tras sus banderilleros Domingo Siro y Jesús Arruga saludar al completar el tercio de banderillas, Roca Rey inició la faena con tres ajustadísimos pases cambiadnos por la espalda en el centro del ruedo. Continuó ligando tres buenas tandas de derechazos y un par de ellas más cortas por naturales. Cerró su buen hacer dando entre los pitones pases circulares, trincherazos y adornos antes de dar unas manoletinas y, al matar de pinchazo y media estocada se ganó una merecida oreja. El complicado y áspero quinto, fue un serio astado cinqueño que embestía a oleadas, no le permitió torear con lucimiento en el primer o en el último tercio. Con mucha firmeza y valor consiguió darle al animal algunos buenos pases sueltos, pero sin poder ligar tandas de pases. Con habilidad cobró una estocada y falló en cuatro ocasiones usando el descabello, oyendo un aviso. Fue silenciado.

A Ginés Marín le tocó lidiar al tercero, un toro falto de fuerza y al sexto, un astado exigente que embestía a trompicones y con ambos estuvo muy decidido intentado puntuar como su compañero el peruano lo hizo. Estuvo a punto de lograrlo con el toro que cerró plaza, pero no lo consiguió por fallar con los aceros. A ese complicado animal lo recibió con lances probatorios y ni él ni Morante le hicieron quites. Parecía que el toro no tenía un pase, pero el  extremeño no lo vio así, pues tras iniciar la faena con unos pases de castigo para sacar al toro a los medios, allí consiguió, toreando con mando y temple, sacarle tres series de buenos derechazos, más un par de cortas tandas con la izquierda, estas dadas con meno ligazón y temple, pues el toro se quedaba corto. Entonces recurrió al toreo de cercanías dando pases circulares rematados con un desplante tirando la muleta. Mató de una media estocada que necesitó de un golpe de descabello y hubo una petición minoritaria, que al no concederse el premio quedó en una salida al tercio para agradecer los aplausos del público. Con el débil tercero que se quedaba corto al salir de las suertes por la falta de fuerza, no tuvo ocasión para redondear faena. pero sí para mostrar que con el toro bueno, malo o regular siempre intenta buscar el triunfo, y eso fue lo que hizo, pero sin lograrlo. La faena tuvo altos y bajos y tras rematarla con unas bernardinas, emborronó lo hecho al matar de una estocada defectuosa tras tres pinchazos. El público premió su esfuerzo obligándole a saludar en el tercio.  

La segunda corrida tenía un sabor mexicano, pues el cartel lo formaban los hermanos Joselito y Luis David Adame, ambos nacidos en Aguascalientes,  y estaban acompañados por el diestro madrileño López Simón. Se enfrentaron a un buen encierro de El Parralejo, cuya ganadería que, tras haberse hecho famosa lidiando novillos, debutaba lidiando toros. El debut no pudiera haber sido mejor, pues sus pupilos estaban bien presentados y, en conjunto fueron encastados, nobles y tuvieron movilidad, destacando el quinto, al que se premió con una vuelta al ruedo.  A ellos los tres espadas les cortaron un total de cuatro orejas, que pudieran haber sido seis si el presidente hubiera sido más generoso. La parte negativa del festejo fue la pobre asistencia a la plaza, pues solo ocuparon los tendidos unos tres mil quinientos espectadores, o sea aproximadamente una cuarta parte del aforo. Un hecho que se debe anotar es que en el festejo ha habido varios tercios lucidos de banderillas, por lo que Domingo Siro y Jesús Arruga saludaron tras banderillear al segundo, Miguel Martín y Alberto Zayas al tercero, Sergio Aguilar y Fernando Sánchez al cuarto, más Jesús Arruga y Vicente Osuna al quinto

El primero en puntuar fue Joselito al lidiar con mucho oficio, dominio, firmeza y profundidad al primer noble y bravo astado de El Parralejo, que tuvo movilidad. Lo saludó en el tercio con unas verónicas a pies juntos, las que remató en los medios con una revolera. Inició la faena con unos  pases de tanteo con las piernas flexionadas, para luego redondear una profunda y clásica faena, compuesta por muy bien ligadas series de pases por ambos lados. La concluyó con unas manoletinas y un desplante y, al cobrar una estocada algo delantera, que hizo doblar al toro sin puntilla, el presidente le concedió solo una oreja y no la segunda que el público fuertemente pedía. Con unas verónicas con una rodilla en tierra saludó al bien armado y encastado cuarto astado. No hubo quites. Inició la faena con unos pases de tanteo para llevar al toro a los medios,  en donde desarrolló una faena que se compuso de cuatro tandas de muy ligados derechazos y tres tandas de elegantes naturales. La última serie fuedando los  naturales con la mano derecha sin la ayuda. Tras adornarse con varios pases, entró a matar tirándose por derecho, pero desafortunadamente hizo guardia, por ello el premio se redujo a dar una vuelta al ruedo, ganada por la calidad de la faena. Joselito el torero más importante en México en la actualidad y que España triunfa con regularidad, se merece que las empresas lo tengan más en cuenta para anunciarlo en carteles estelares.

Su hermano Luis David Adame sí paseó un trofeo de cada uno de sus dos  toros. Esta tarde era solo su segunda actuación en esta temporada en España, a pesar de haber sido el triunfador de los novilleros en el San Isidro del 2016 y de haber completado una triunfal temporada invernal en su tierra. Su primer toro fue una animal encastado pero exigente, al que había que poderle y el joven torero le pudo. Lo recibió con una lances probatorios para luego completarle un excepcional quite por saltilleras. La faena la inició firmemente  en los medios con tres arraigados pases haciendo el péndulo. Después su faena tuvo un enfatizado clasicismo, por la manera como el joven diestro adelantaba la muleta para con la mano muy baja llevar al toro con mucho temple embebido en la pañosa, para así llevarlo largo y quedarse colocado para ligar el siguiente pase, hasta completar una larga tanda. Así completó varías series de pases por ambos lados para luego rematar el toreo clásico con un toreo para la masa, dando pases circulares entre los pitones, rematados con unas bernadinas sin la ayuda. Cobró una  algo baja estocada y paseó una muy merecida oreja, y hasta este momento no comprendo como el presidente no accediera a concederle el segundo apéndice.  Otra similar faena le bordó al buen toro que cerró el festejo, otro exigente animal que necesitaba ser toreado  con la misma clase pero con total valor y entrega, lo que el hidrocálido hizo, y al  matar con una mortífera estocada, le concedieron otra oreja pero, como en el primero, no la segunda pedía con fuerza. A este toro lo banderilleó con brillantez el propio espada.  Luis David Adame no salió a hombros debido a que en San Sebastián para hacerlo hay que desorejar doblemente a un toro.

López Simón también cortó un trofeo al quinto, el toro más encastado del encierro, que fue premiado con una vuelta al ruedo. Con el capote lo recibió con unas templadas verónicas rematadas con una media. No le hizo quite pero sí lo hizo Luis David Adame, que completó uno por caleserinas. Inició la faena con unos pases probatorios, para luego completar una faena que tuvo altos y bajos. Sobresalió especialmente el toreo al natural con unas tres series efectuadas con temple, gusto y clase. Cerró su irregular labor con un toreo de cercanías y unas  manoletinas y, al matar de media estocada y descabello, paseó una oreja. El segundo, un animal noble, pero escaso de fuerza, no le dio muchas opciones para el triunfo, aunque sí para tener momentos lucidos, como fueron la templada tanda de verónicas, un par de ligadas series por la derecha y el valiente toreo de cercanías entre los pitones.  Al cobrar una estocada trasera y caída, que fue sacada por un banderillero, volvió a entrar  matar cobrando otra estocada defectuosa. Fue ovacionado.

Si tuviera que resaltar en una frase lo mejor visto en los dos primeros festejos de la Feria de San Sebastián, diría que fueron las buenas actuaciones de Roca Rey en el primer festejo y las de los hermanos Adame en la segunda corrida, lidiando los excelentes toros de El Parralejo.

*Fotos achivo y cuadro de Roca Rey por Pedro Escacena.

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