LAS PEÑAS TAURINAS NORTEAMERICANAS Y LA NATC

Por Mario Carrión

La afición a los toros en los Estados Unidos numéricamente es minúscula, pero la que existe es intensa y entusiasta. En los países taurinos como España no es necesario pertenecer a un a peña para hablar de toros pues en cualquier parte es posible dialogar con otros aficionados. En cambio, en los Estados Unidos, con la excepción de algunas ciudades fronterizas con México, para un aficionado a los toros es más fácil encontrar una aguja en un pajar que a otra persona que comparta su afición, o que, al menos, tenga una rudimentaria idea de lo que es la tauromaquia, sujeto que la predominante población anglosajona desconoce o lo considera cruel y sangriento. Por consiguiente, los aficionados norteamericanos tienen una intensa necesidad de buscar a otras personas que tengan la afición a la tauromaquia, para luego asociarse formalmente con ellos, y así poder compartir sus experiencias taurinas. De ahí la existencia de varios clubes taurinos en los Estados Unidos que, si se considera el escaso número de aficionados que existe en el país, son estas organizaciones proporcionalmente más numerosas que las que existen en los países cuyas culturas incluyen la tauromaquia.

Las peñas taurinas norteamericanas esencialmente no difieren de las de los países taurinos: son instituciones que proveen lugares, ocasiones y actividades a personas que les gustan los toros. Sin embargo, dadas las especiales circunstancias en las que se encuentran los aficionados norteamericanos y el origen de su afición, las peñas taurinas han desarrollado, o intensificado ciertas características para suplir las necesidades de sus asociados.

Mencionemos algunas de las características y funciones de las peñas norteamericanas que difieren en cierto modo de las de un país taurino como España. Quizás, lo más relevante sea el objetivo principal por el cual la institución fue creada. La meta principal de una peña española generalmente es más definida y especializada. En su mayoría, las peñas hispanas fueron fundadas por grupos de aficionados que habitan en una limitada área con el propósito de animar y promulgar las excelencias de un torero del cual son partidarios. Otras peñas fueron fundadas con otras metas más ambiciosas pero también bien definidas, como el defender los derechos de los abonados de una plaza, o abogar por la integridad del toreo, del toro o de una suerte del toreo. No hay mas que ver las denominaciones de esas entidades para conocer el propósito y la razón de su existencia: Peña "El Juli", Peña "Joselito", Peña Taurina José Tomás de Barcelona, Amigos del Toro de Madrid y El Puyazo. Por el contrario, el propósito de los clubes taurinos estadounidenses es más general. Consiste en proveer exclusivamente el ambiente apropiado, el cual no existe en el medio, donde los aislados aficionados y las personas con curiosidad sobre la fiesta de los toros puedan conocer a otras personas que, al igual que ellos, han adquirido esa extranjera afición, para juntos participar en actividades taurinas e intercambiar información, ideas y conocimientos sobre el sujeto.

Quizás, el conocer la naturaleza del aficionado norteamericano y sus circunstancias ayude a comprender la intensa función social, informativa y didáctica que las peñas taurinas desempeñan.

El aficionado de los países taurinos se forma intuitivamente, ya que respira un ambiente taurino y desde chico aprende de toros casi por osmosis. La afición la adquiere paulatinamente. Y lo que es más importante, se siente rodeado de personas con quienes puede compartir su afición, y a aquellas que no la comparten al menos no les extraña que alguien tenga pasión por los toros. Por otro lado, el aficionado de los Estados Unidos 'descubre' la fiesta por casualidad. Esta revelación le puede llegar al leer un libro en inglés que trata con el tema, o al ver un documental o una de esas folletinescas películas de toros holliwoodenses, o bien porque accidentalmente presenció un espectáculo taurino en un viaje turístico, o mientras residía en España, México, u otro país donde se practica la tauromaquia. A menudo, en mis conversaciones con aficionados me han indicado la ocasión especifica cuando 'el gusanillo' de la afición les picó. Pero luego ¿cómo nutrir ese 'gusanillo'? La lectura ayuda, o también el encontrarse de cuando en cuando a una persona que sabe lo que es el toreo, o el aprovechar de un viaje para volver a presenciar una corrida, pero esto no es suficiente para satisfacer la ansiedad de conocer más del toreo con cierta regularidad. Entonces es cuando el aficionado puede encontrar una solución a su dilema en una peña, que es como oasis en un desierto taurino.

También las peñas desarrollan una importante labor didáctica e informativa. Para ello se organizan actividades normales de conferencias, tertulias, proyecciones de videos, viajes al extranjero para asistir a corridas y otras. También las peñas publican un boletín, algunos de los cuales tienen poco que envidiar a una revista profesional en los que, además de anunciar las actividades del club, se publican artículos de toros originales y otros aparecidos anteriormente en otros medios, y se informa sobre asuntos taurinos tales como conseguir entradas para las corridas en ciertas ferias, como contactar a socios o aficionados que residen en otra localidad y decenas de detalles que a los aficionados de los países taurinos pueden parecerles triviales, pero que sirven de ayuda en ese ambiente. Pero tal vez la instrucción más importante toma lugar entre bastidores, ya que he observado que parece que existe una jerarquía entre los socios, en la cual los 'viejos aficionados' actúan como tutores de los más novatos, quienes son receptivos a absorber conocimientos.

Otra particularidad de estas peñas es la dispersión de la membrecía. Si leyéramos una lista de socios de una pena española, por ejemplo, notaríamos que, con alguna que otra excepción, los socios residen en una reducida área cercana a la residencia de la peña y que si el socio cambia de residencia dimite de la organización. No así, en los Estados Unidos, donde a menudo un numerosos socios residen lejos del centro social, y no es raro que les tomen algunas horas de viaje para atender a una función de la peña. Tampoco es extraño que existan socios que vivan a cientos, e incluso miles, de kilómetros de la localidad de una peña, manteniéndose en contacto e informados de los asuntos de la peña por medio del boletín, por una que otra ocasional visita de un asociado y, recientemente, a través del Internet.

Estas son las peñas que en la actualidad son más activas y que cuentan con una membrecía considerable. Aparecen por el orden cronológico de su fundación: Los Aficionados de los Angeles (1949), Los Angeles, California; Barrera Taurina (1958), El Paso, Texas; El Club Taurino de Nueva York (1960), Nueva York; Peña Taurina del Colorado (1960), Denver, Colorado; Club Taurino de Chicago (1961), Chicago, Illinois; Club Taurino de Chula Vista (1961), Chula Vista, California; Sol y Sombra (1962), San Francisco, California; y La Asociación de Bibliófilos Taurinos de Norte América (1964), Estados Unidos.

Las peñas Los Aficionados de Los Angeles y El Club Taurino de Chula Vista, en el sur de California, y Barrera Taurina, en Texas, por estar cerca de Tijuana y Ciudad Juárez, respectivamente, dos ciudades mexicanas activas taurinamente, les dan oportunidades a sus socios de participar en 'el mundillo taurino' mexicano y de organizar actividades conjuntas con los aficionados del otro lado de la frontera. Por otro lado, los socios de la Peña Sol y Sombra de San Francisco están beneficiándose y participando en el creciente desarrollo de la fiesta brava en la parte central de California, donde existen varias ganaderías y donde se dan anualmente una veintena de corridas al estilo portugués. No puede decirse lo mismo de los socios de las otras peñas que hemos mencionado, ya que al estar lejos de los focos taurinos, carecen de las oportunidades de asistir regularmente a las corridas, de presenciar faenas de campo en las ganaderías, o de tener inmediatas relaciones con los aficionados de otros países, y aun así imaginativamente organizan actividades para mantener la afición viva.

Para ampliar los contactos y coordinar al nivel nacional las actividades de las peñas y establecer relaciones con las organizaciones taurinas internacionales, en 1962 el presidente de la Peña Barrera Taurina, Edmundo de Anda, concibió la idea de instituir una federación de las peñas norteamericanas, la que se realizó en 1963 cuando se fundó la Federación de Clubes Taurinos de los Estados Unidos, que se conoce como NATC, su sigla en inglés. Su actual presiente es la señora Bette Stracke y actúa como vicepresidente regional en España la autora Muriel Feiner de Alaéz.

La actividad principal de NATC es el congreso que anualmente se celebra con la participación de los socios de las peñas asociadas. En estas convenciones se toman resoluciones que conciernen el interés común de las peñas y se premian a varias personas que hayan contribuido a divulgar la fiesta brava en los Estados Unidos. También se aprovechan las oportunidades de asistir a espectáculos taurinos y establecer vínculos con los aficionados y taurinos locales. La primera convención se celebró en El Paso en 1963, y desde entonces seis de ellas tuvieron su sede en ciudades norteamericanas cercanas a México, veintiséis en ciudades mexicanas, tres en ciudades francesas y otras tres en España. Estos tres congresos se celebraron durante las ferias de Salamanca en 1986, de Sevilla en 1995 y de Valencia en marzo del primer año del siglo. Este último congreso estuvo patrocinado por el Club Taurino de Nueva York y el del 2001 tomará lugar en octubre en Tlaxcala, México, y está siendo organizado por Los Aficionados de los Angeles.

Los clubes taurinos estadounidenses y NATC, como cualquier peña de un país taurino, acogen a los aficionados para que puedan compartir su pasión por los toros. Sin embargo, las peñas de los Estados Unidos adquieren una dimensión extraordinaria pues, sin ellas, el aficionado americano tendría dificultad de encontrar en donde cultivar su afición, incrementar sus conocimientos taurinos, y conectarse y dialogar con otros aficionados que, formando una quinta columna en defensa de la fiesta nacional española, se encuentran dispersos por la inmensa geografía de los Estados Unidos.

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