El 2 de noviembre leí en el Noticierotaurino.com.mx la triste noticia sobre el fallecimiento del ganadero mexicano Manuel Cortina Pizarro, en la que Pedro Julio Jiménez Villaseñor informaba lo siguiente:

La noticia de que el gran hombre Manuel Cortina Pizarro nos haya dejado para siempre me entristeció sobremanera pues, aunque por la distancia no hemos tenido relaciones durante muchos años, lo he seguido considerando un gran amigo desde que hace más de dos lustros compartí con él y su  encantadora familia unas únicas experiencias, como invitado en su Hacienda de Chinampas en Jalisco, que hasta hoy estas experiencias están frescas en mi mente como si hubieran ocurrido ayer.

Ahora primero paso a hacer una corta semblanza del notable ganadero, para luego relatar las varias circunstancias que hicieron posible que desde Maryland en los Estados Unidos me trasladara a Jalisco en México,  para vivir por unos días la típica vida ranchera y taurina mexicana. No obstante, antes quiero aprovechar la ocasión para darles a su viuda Cuca Reynoso y a sus hijos Manuel, Daniel, María y Luisa mi más sentido pésame.

La ganadería Manuel Cortina Pizarro, que fue fundada en 1979,  pasta en el rancho Hacienda de Chinampas en Ojuelos, Jalisco, en México. Sus toros lucen la divisa con los colores azul marino, tabaco y gualda. Según la información que aparece en el Internet, en 1979 doña Silvia Lomelí de Abedrop funda esta ganadería como Villa Alta, con 100 vacas y tres sementales de Corlomé. En 1982 la vende a Manuel Cortina Pizarro. El nuevo dueño le agrega a lo original 28 vacas, 20 de Cerro Gordo y ocho de San Miguel de Mimiahuápam, más dos sementales, uno de La Punta y otro de San Miguel de Mimiahuápam. El 15 de diciembre de 1985 lidió su primera novillada en Aguascalientes. En 1987 añade otras 27 vacas más y dos sementales de San Miguel de Mimiahuápam, y ese mismo año lidió su primera corrida de toros en Villa de Álvarez, Colima. En 1990 añade otras seis vacas más y un  semental de San Miguel de Mimiahuápam, ejemplar que había sido indultado por Miguel Espinosa "Armillita Chico" en Ciudad Juárez. Estos cruces manejados con muchos conocimientos por el dedicado ganadero, cuyos antepasados también fueron ganaderos, han dado buenos resultados, lo que ha permitido a Cortina Pizarro lidiar anualmente varios encierros con este hierro en diferentes ruedos del territorio nacional mexicano. Una de las muchas notas que se debe destacar es que en 1998 El Juli, en una de las últimas novilladas que toreó en México, indultó un novillo de la casa. Hasta su muerte la pasión del ganadero de Chinampas ha sido dedicarse al campo y a la crianza del ganado bravo.

 Ahora paso a relatar las especiales circunstancias que hicieron posible que yo pasara unos días en Chinampas disfrutando de la vida taurina charra.

El causante de que esto sucediera fue mi  gran amigo Fred Hochberg (Q.E.P.D.), uno de los aficionados americanos más activo que he conocido. Fred vivía en el sur de  California, el lugar más taurino de los Estados Unidos, y allí había sido un leader en cualquier asunto que tuviera que ver con el toreo. Entre los muchos logros fue el ser presidente de la peña Aficionados de Los Angeles, 1980-83 y 1987-88, y también presidente de la Asociación Nacional de los Clubes Taurinos Americanos, 1982-85. Pero esos  títulos son lo de menos, pues el don de Fred consistía en que poseía el poder para vender una idea, pregonar la grandeza del toreo y de mover cielo y tierra para unir a los dispersados aficionados del país, y para convertir a las personas que no lo eran. También extendió sus actividades al mundo taurino mexicano. Ahora bien, al verse postrado en una silla de ruedas, como consecuencia de una enfermedad progresiva, en 1989 tuvo que mudarse a Staunton, Virginia, para vivir cerca de la hija. En California dejó atrás tertulias, actividades del club y sus regulares viajes a México para visitar toreros y ganaderos amigos, ver corridas y atender a tentaderos.

Y fue Staunton en donde yo conocí a este singular hombre, en donde estaba creando su propio mundo taurino. Un día en mayo de 1990 yo y otros aficionados locales de Maryland recibimos una invitación para asistir a la Primera Tertulia Anual Taurina Internacional, a celebrarse los días 15, 16 y 17 de junio en Staunton, Virginia, "La Capital Taurina del Mundo" según Fred Hochberg, "El Excelentísimo", como sus amigos le llamaban. No contesté de momento pero mi amigo Jim Toland, Presidente de la Peña Taurina de Maryland,  me convenció para que fuéramos. Luego, Fred me hizo una llamada animándome no solo a que fuera, sino también a que allí hiciera una demostración de toreo de salón.  Así que asistimos a la Tertulia donde disfrutamos charlando con una treintena de buenos aficionados.

Ahora bien, lo mejor del viaje fue que tuve la ocasión de convertirme en un buen amigo del "El Excelentísimo". En 1991 volví a asistir a la segunda tertulia en  Staunton, la que tuvo aun más éxito y más concurrencia que la primera. Allí conocí a Manuel Cortina Pizarro, con quien Fred tenía una estrecha amistad. En la conversación salió que Fred era muy buen amigo de los diestros Rafael Rodríguez, Humberto Moro, Juan Silveti y su hijo David, y otros matadores, como pude luego comprobar en Chinampa. En el otoño de ese mismo año mi amigo y aficionado Jim Toland, un piloto profesional, estaba tratando ce comprar un pequeño avión, y para probarlo, decidió que volaramos a Staunton para pasar unos horas con Fred. Cual fue mi sorpresa que al llegar él estaba hablando por teléfono con David Silveti. Fred, pasándome el teléfono nos presentó, y no sé que le habría dicho al Rey David que al despedirnos me dijo "Mario, probablemente te veré en Chinampas". Obviamente. Fred ya estaba tramando nuestro viaje a México.

Desde la primera tertulia yo hablaba por teléfono a menudo con Fred, y me decía que estaba organizando "una peregrinación" --así lo llamaba él ---a Chinampas, en donde Cortina Pizarro había invitado a él y a unos amigos más, incluyéndome a mí, a pasar  una semana participando en tientas y otras actividades taurinas. Yo creía que Fred estaba soñando, pues en su condición eso pudiera ser imposible. Pues, otra vez más me equivoqué al juzgar la tenacidad de Fred para conseguir sus metas, y en dudar que contaba con tan buenos amigos como Manuel Cortina Pizarro que le iba a ser posible conseguir su sueño de inolucrarse de nuevo en el mundo taurino mexicano. A mi Fred me convenció en acompañarle diciéndome que "tú disfrutarás  toreando una becerras alternando con algunos de mis amigos toreros". Le contesté  "que yo no había toreado ni un mosquito en 33 años, y qué no tenía interés ahora, ya que estaba seguro que no me acordaría de como hacerlo". Además, añadí que "me sentiría mal alternando con grandes retirados maestro mexicanos que de cuando en cuando torean festivales o en tentaderos, mientras que yo durante durante más tres décadas solamente me había puesto delante de un animal bravo mirándolo en fotografías".

De nada me sirvió mis excusas, pues el lunes 22 de junio de 1992 me encontré junto a Fred en Chinampas en Jalisco listo para pasar unos días con Manuel Cortina Pizarro y su familia y allí participar en varias actividades taurinas.

Después de los saludos correspondientes Manuel Cortina me presentó a su esposa Cuca Reyinosa y a dos de sus hijos que se encontraban en el rancho. Pronto pude comprobar que tanto el ganadero como su agradable esposa eran los perfectos anfitriones, ya que desde mi llegada, con gran naturalidad, me hicieron sentir como si estuviera en mi propia casa, lo que continuaron haciendo hasta que el domingo 29 partí para Maryland. Por otro lado, se podría decir que noté que a "El Excelentísimo"  todos lo trataban con una familiaridad  y cariño, como si fuera un miembro de la familia que había regresado a su hogar. Noté también que la apariencia de Manuel Cortina había cambiado desde que lo conocí en los Estados Unidos, pues aunque entonces también se distinguía por el espeso y largo bigote, su vestimenta era similar a la nuestra. E cambio, en Chinampas  vestía mas al estilo ranchero, como luego comprobaría que muchos de sus compañeros lucían en otras haciendas que visitamos.  Charlamos largo y tendido, principalmente de toros,  y después de cenar me retiré a mi aposento a descansar del largo viaje.

El martes 23 fue más bien un día tranquilo que me dio ocasión para conocer mejor a la familia, y apreciar el rancho y el ambiente.

Chinampas está en el Estado de Jalisco. En general, la conformación del suelo en toda esta zona es pedregosa y árida, que me dio la impresión que no es un lugar fácil para la cría del ganado bravo. La hacienda misma impresiona por su sabor añejo pues tiene varios siglos de existencia como muestran, el reloj de sol, el patio de los naranjos, el brocal del pozo, los antiguos herrajes de las ventanas, el  rústico nobiliario. Si uno cerrara los ojos y los abriera de pronto, las características arquitectónicas del rancho, le haría pensar que estaba viviendo al menos un siglo atrás. Varios aficionados amigos de la familia, y de Fred, visitaron Chinampas, lo que nos dio la oportunidad para tener una tertulia. También el ganadero me llevó a los cerrados para con orgullo enseñarme sus vacas y toros bravos. Aprecié los deliciosos platos de la cocina campera mexicana que se servían en el comedor de la casa. Fue una nueva experiencia para el paladar. Para el día siguiente estaba programada la tienta de varias becerras, y sería cuando yo, por primera vez torearía después de 33 años. Así que me fui a la cama y me costó algo de trabajo el dormirme, pues, tenía miedo, no al peligro de una pequeña becerra, pues siempre podía contar con mis piernas para meterme en un burladero, sino por hacer el ridículo delante de maestros como Humberto Moro y Rafael Rodríguez y naturalmente de mi anfitrión.

Por la mañana del miércoles llegaron a Chinampas esos dos maestros y me sorprendió con el entusiasmo con que saludaron efusivamente a  Fred. Luego me alegré que a mí después de unos momentos me trataron como a un igual, aunque ellos habían tenido carreras más brillantes y largas que la mía. Me sentí muy a gusto con ellos. Además llegaron los jóvenes diestros Humberto Moro hijo y Héctor de Granada, que también estaban invitados a la tienta. Desayunamos y a eso de las once nos dirigimos caminando a la plaza de tienta. Yo esperaba que Rafael Rodríguez iba tentar, pero dijo que "él estaba retirado de verdad". En cambio, alterné con el maestro Humberto Moro, quien se estaba preparando para torear un festival. Siguiendo la  antigüedad, que es la norma en los tentaderos, Humberto, que había tomado la alternativa en el 1951, cuatro años antes que yo, con facilidad y lucimiento toreó la primera becerra después de su hijo pararla. Mientras tanto esperando mi turno yo quería que la tierra me tragara. Salió la segunda becerra y la paró Héctor de Granada. Salí del burladero, y la tenté con facilidad y la  toreé con gusto con capote y  muleta, como si lo hubiera estado haciendo diariamente. Que sorpresa y que descanso. Entonces agradecí con falsa modestia las enhorabuenas  que me daban mis compañeros, y aprecié el comentario del ganadero, que me dijo "si yo hubiera sabido que estabas tan puesto, te hubiera echado una becerra más grande", No tuve que esperar mucho para tentar un animal más grande, lo que conseguiría hacer al día siguiente en la ganadería de Santiago.

Por la tarde, ya en  la hacienda, tuve la ocasión de conocer a David Silveti, quien también había sido invitado a la tienta, pero por tener que ir a  torear una corrida no pudo asistir. No obstante, se desvió de su camino para venir a almorzar con su amigo Fred, y pasar un par de horas en su compañía. Esto me dio ocasión de conocerlo y cambiar puntos de vistas de las diferencias del toreo en España y México. Entonces quien se podría imaginar que años después de una grandiosa carrera El Rey David se iba a quitar su propia vida.

 El jueves el ganadero Pepe Garfias en la plaza de tienta de su rancho Santiago, que está situado en el Estado de San Luis Potosí, no lejos e Chinampas, nos encerró dos hermosas becerras para Humberto Moro y para mí. Humberto estuvo inmenso con la primera seria y brava erala, dando una lección de como torear con la mano izquierda. Le seguí yo tentando la segunda becerra, un exigente animal que había que poderle. Después de doblarme con ella, me lucí toreando con ambas manos, oyendo inesperados aplausos de un público invitado,  que había venido para asistir a la fiesta que el ganadero Garfías había organizado en honor de "Excelentísimo". Mi actuación esa mañana ya era la de un Mario confidente, pues ya no sentía la inseguridad y el temor al ridículo que sentí el día anterior. Al terminarse la tienta nos divertimos en la reunión,  comiendo bien, oyendo a un grupo de mariachis, y conversando con el ganadero, Fred, la familia Cortina Pizarro, Rafael Rodríguez y Humberto Moro, padre e hijo, más un grupo de aficionados en el que se encontraba la buena aficionada americana Jane Hurwitz. En fin una gran tarde y una mejor mañana. 

El viernes el maestro Rafael Rodríguez tuvo el detalle del  invitarnos a almorzar en su hacienda Lesdesma, que también se halla en el Estado de Jalisco, no lejos de Chinampas. Este diestro no  necesita introducción, pero recordaré que fue unas de las figuras mexicanas más importantes de los años cincuenta, época que se denominó la Era Dorada del Toreo, por la gran cantidad de grandes diestros que existían en México. Nació en Aguascalientes el 21 de agosto de 1926, y se doctoró en la ciudad de México el 21 de diciembre de 1948. Confirmó la alternativa en Madrid, de manos de Pepe Luis Vázquez, el 26 de mayo de 1951. El maestro nos mostró las atractivas dependencias de la antigua hacienda, y me impresionó sobremanera la bonita capilla adjunta al rancho. También visitamos los corrales en los cuales había ganado manso, ya que criar toros para carne era entonces el negocio del maestro. Almorzamos no una típica comida mexicana , sino una deliciosa  paella que no tenía nada que envidiar a las que se sirven en Valencia.  En la sobremesa el anfitrión, que era un poeta aficionadodeclamó un poema que había compuesta para su amigo Fred. Esto animó a Humberto Moro, a la señora de Cortina Pizarro y a su hija a continuar declamando conocidas poesías para animar el ambiente. La  divertida reunión se extendió conversando de toros y toreros durante el resto de la tarde. Otra experiencia para no olvidarla.

Me quedaba disfrutar de la última experiencia de mi "Peregrinaje" a Chinampas, y esta se desarrolló el sábado, el penúltimo día mi estancia en México. Consistió en una visita  a la hacienda de La Punta, que se halla también en Jalisco, y en cuya finca pastaban, hasta su desaparición, los toros y vacas de la legendaria ganadería de La Punta. Este hierro, fundado por los hermanos Francisco y  José Madrazo, combinó ganado mexicano y español para criar un toro parecido en presencia al tipo del español. Durante los primeros seis lustros del siglo pasado fue uno de los hierros de más prestigio de México, y tal vez del que más toros se lidiaban cada temporada, hasta que poco a poco la ganadería adquirió una reputación de lidiar animales incómodos para los toreros, y la demanda por ese ganado decreció.  Antes de visitar la hacienda oí rumores de que Paco Madrazo, nuestro anfitrión, hijo de uno de los fundadores de la ganadería, desilusionado por la situación en vez de vender la ganadería, en un gesto de romanticismo envió toros y vacas al matadero. El erudito Paco Madraza, después de darnos un tour por las hermosas y bien mantenidas dependencias de la hacienda, dio una charla a la docena de asistentes al acto, repasando la historia de la hacienda y de la ganadería, aunque no mencionó cual había sido el sino del hierro, sino dijo sencillamente que ya no estaba en su poder. Al comenzar, mencionó la presencia de Cortina Pizarro, mía y las de los matadores Humberto Moro y  Rafael Rodríguez, y se refirió como la carrera de Rafael había estado relacionada con La Punta. Como había sido la norma en las otra reuniones, antes de marcharnos conversamos de toros a la vez que nos refrescamos con alguno tragos. 

El domingo por la mañana en Chinampas llegó la hora para dar mil gracias a la familia Cortina Pizarro por sus múltiples atenciones, y para con Fred dirigirnos al aeropuerto de Aguascalientes, para  allí tomar un vuelo para que nos llevara a nuestras respectivas residencias en los Estados Unidos. Con respecto a mí, la familia me estaría esperando para irnos a pasar unas vacaciones normales en la playa, en donde mi experiencia taurina se reduciría a  torear las fuertes olas que azotan la arena. Mientras que Fred Hochberg en Staunton, se dedicaría a pensar en cual sería su próximo proyecto para reunir a los aficionados amigos.

El proyecto de Fred no tardó en realizarse, y fue la celebración de la Tercera Tertulia Taurina Internacional, pero a diferencia de los anteriores el acto fue anti climático pues observé con pena que Fred estaba casi ausente, se le notaba cansado, y su voz era apenas audible. Luego me llamó a Maryland un par de veces, pero me fui imposible entenderlo. La enfermedad había avanzado demasiado y el ya no era el locuaz hombre que yo había conocido. El 24 de julio de 1993 su hija me llamó para comunicarme que mi amigo, a la edad, de 80 años, había fallecido. Estoy seguro que al entrar en el otro mundo lo hizo  pensando en las sin iguales experiencias que pasó con los Cortina Pizarro, sus otros amigos mexicanos y conmigo en Chinampas y sus alrededores.  Tres meses después también supe que mi compañero Rafael Rodríguez, también había pasado a mejor vida el 16 de octubre del mismo año cuando tenía 67 años. Y como ya sabemos, hace unos días le tocó el turno de dejarnos a Manuel Cortina Pizarro. Descasen en paz.

Respecto a mí, el haber toreado unas becerras en México me ha servido para matar el gusanillo de la afición, toreando regularmente becerras en tientas o fiestas privadas en México, California y España, e incluso por casualidad toreé un novillo en un festejo de aficionados prácticos por rajarse uno de los prácticos anunciado. La última vez que me puse enfrente de una erala fue el 15 de abril de 2012 en la ganadería de Martelilla, cerca de Jerez, en España, cuando me faltaban diez meses para cumplir los ochenta años.

*Fotos (de diferentes fuentes):

1. Foto reciente de Manuel Cortina Pizarro. 2. Cortina Pizarro de charro. 3. Fred Hochberg  en la hacienda de Santiago. 4. Vista del exterior de la hacienda de Chinampas. 5. Mario, Humberto Moro, padre, hijo y nieto, y Rafael Rodríguez al completarse la tienta en Chinampas. 6. Mario llevando la becerra al caballo en Chinampas. 7. Un natural de Mario a una becerra de Pepe Garfias. 8. Manuel y Cuca Cortina Pizarro socializando en la hacienda de Santiago. 9. Rafael Rodriguez  en una de sus tantas salidas a hombros. 10. Paco Madrazo y Mario en la hacienda de La Punta.

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