TRIUNFOS Y SANGRE EN LA FERIA TAURINA SEVILLANA

Por Mario Carrión

Para ser más objetivo he dejado pasar unos días antes de escribir mis impresiones sobre lo sucedido en las trece corridas de toros que presencié de las quince que se anunciaban en el programa de la prestigiosa Feria Taurina de Sevilla.

Antes de compartir con ustedes lo sucedido en la Plaza de la Maestranza divagaré sobre las características de esta plaza, su público y la aptitud de los toreros cuando torean en Sevilla. Exponiéndome a que se me tache de chauvinista, pues soy sevillano, puedo decir sin recato que arquitectónicamente la Maestranza es el coso más bonito del mundo, y uno de los más antiguos, por lo que merecidamente ha sido declarado Monumento Nacional español. Pertenece a la Real Orden de la Maestranza de Caballería, entidad que celosamente guarda la fidelidad histórica de la estructura manteniéndola a la vez relucientemente remozada. En múltiples ocasiones allí he estado en sus diferentes tendidos y gradas que dan cabida a unos trece mil espectadores, y como torero varias veces he pisado su dorado ruedo. Lo mismo mirando desde el ruedo hacia los graderíos o desde el tendido hacia abajo, o hacia fuera, con la Giralda silueteada en un azulado fondo donde aletean golondrinas, nunca en una plaza he contemplado una vista más hermosa, alegre y armoniosa. Y si añadimos que esta contemplación visual se siente mientras se oyen los acordes sonoros de un pasodoble torero, interpretados por la magistral Banda del Maestro Tejera, en un medio que parece tener la acústica de una sala de conciertos... entonces, estoy de acuerdo con lo que oí murmurar a un aficionado visitante, antes de que ni siquiera empezara la corrida y mientras observaba a los tres matadores en la puerta de cuadrilla listos para hacer el paseíllo: " ya solo con presenciar esto puedo irme a casa, vale más que el precio de la entrada".

Los aficionados sevillanos tienen como prurito 'el saber de toros', quizás con un poco complejo de juez, demandan que el torero se gane su aplauso, pero cuando lo dan lo hacen con pasión y lealtad. Alaban o censuran detalles que en otros cosos ignoran, como viste un torero, su colocación en la plaza, la brega de un banderillero, un buen puyazo de un picador o el comportamiento del toro durante su lidia. Les gusta catalogar a los toreros. Muestran más paciencia y comprensión con los toreros que se han formado en Sevilla o con los que, ya aunque famosos, ellos les han dado el visto bueno, o sea con los que se dice que "han entrado en Sevilla". Un caso extremo de esta parcialidad es Curro Romero quien lleva toreadas 38 ferias y triunfe o fracase siempre lo esperan. Con los otros toreros, los sevillanos son más fríos pero no injustos. Incluso les otorgan trofeos, pero no los adoptan como 'suyos'; hasta que una tarde algo mágico sucede en el ruedo que funde matador y público, y desde ese momento adoptan al torero. Así acaba de suceder con "Joselito", el gran matador madrileño, que después de actuar en Sevilla con moderado éxito durante una decena de años, por fin en esta feria 'ha entrado en Sevilla'. Es famoso 'el silencio', casi sepulcral, que el espectador usa, unas veces como señal de expectación y otras veces despectivamente, en lugar de la protesta escandalosa, para mostrar indiferencia hacia el torero que fracasa. La protesta mas sonora, el abucheo y los pitos generalmente los reservan para cuando sus 'adoptados' toreros les decepcionan. Así que tantos noveles como figuras al torear en Sevilla salen al ruedo no solo con el deseo de cortar orejas, de triunfar, sino también con la añadida presión de ganarse el beneplácito de esta discriminatoria afición. Para el torero que busca el ser figura el triunfo en Sevilla puede ser un pasaporte para serlo --como esta sucediendo con Líria y "El Tato"-- y él que ya lo es de todas maneras intenta ansiosamente por amor propio el triunfar en Sevilla y recibir el 'visto bueno' de esa afición; al conseguirlo atesora este logro por vida.

El ciclo ferial comenzó con la llamada 'la corrida de Resurrección' el domingo 30 de marzo. El cartel lo componían toros de Torrealta, que resultaron blandos, pero nobles y manejables, para Curro Romero, "Joselito" y Enrique Ponce, los tres maestros, estrellas de la Feria, luego torearían dos tardes más. Vimos a un Curro Romero rejuvenecido por los triunfos del pasado año, inspirado y con más entusiasmo y cierta decisión. Toreó como los ángeles por verónicas y con la muleta cuajó con ambas manos una quincena de pases artísticos, que si los hubiera rematado con la espada, le hubiera valido una oreja. Con el flojo, casi inválido, segundo toro cumplió. Fue su mejor actuación de la Feria, ya que en sus otras dos corridas tampoco los toros le ayudaron. A parte de unas series de verónicas poco se apuntó en su haber; a sus 63 años tampoco está él en condiciones de exponerse más que lo estrictamente necesario. Sevilla sigue con él y lo espera en las corridas fuera de feria que le quedan. "Joselito" estuvo decidido, artístico y en maestro durante toda la tarde especialmente en la faena en su primero, al que le hubiera cortado una oreja, a no ser a que después de darle una estocada delantera tuvo que descabellarlo tres veces. Con el segundo, que de salida tenía buenas condiciones, a parte de torearlo bien con el capote, poco pudo hacer, pues el toro se estrelló contra un burladero quedándose semi-comatoso. Cosa rara sucedió con Enrique Ponce, en el primer toro se le vio sin acoplarse, un toro que aunque sin ser bueno se dejaba torear. Una buena estocada le hizo merecer aplausos. Se desquitó en su segundo, al que le hizo una majestuosa faena sacando del toro algo más de lo que este tenía. Entusiasmó a la concurrencia y al matar de media estocada se le concedió una oreja. Tenía a Sevilla en sus manos, lástima en sus dos consecuentes corridas se encontró con tres toros sonsos, sin fuerzas, que no trasmitían y un marrajo con él que se jugó la vida. Su labor fue silenciada en dos de sus faenas y aplaudida en las otras dos. Se va de la Feria sin el gran triunfo que ha buscado por seis años, pero que sin duda, tarde o temprano, lo encontrará, ya que tiene madera de la buena para 'entrar en Sevilla' como ha entrado en todo el mundo taurino.

El martes, 8 de abril, después de un hiato de nueve días en el cual hubo una corrida de rejones --también hubo una corrida matinal de toreo a caballo el domingo de Feria--, el ciclo continuó con la 'Corrida de la Oportunidad', en la cual seis olvidados matadores regionales mataron un toro cada uno buscando el elusivo triunfo que la suerte les había negado. No asistí a esa corrida, de lo que me alegro, ya que Franco Cardeño, al recibir de rodilla al toro a la puerta del chiquero, al dudarle, recibió una de las más dramáticas cogidas que se recuerden. El pitón le entró por la boca desollándole media cara desde el labio al ojo. Las imágenes de esa tragedia con parte de la cara colgándole como un pingajo ensangrentado y cubierto con amarillo albero, fueron repetidamente y morbosamente mostradas en televisión y prensa. Aunque la herida fue gravísima, por suerte el pitón marró los órganos vitales, y Franco reaparecerá en los ruedos dentro de unos días. La corrida de Prieto de la Cal tuvo dificultades y solo "El Niño del Tentadero" tuvo una actuación lucida con corte de oreja en su toro; triunfo que no ha tenido el eco debido ya que la espectacular cornada mencionada fue el foco de la atención pública. La Feria fue sangrienta pues ha habido otras dos cornadas más, ninguna grave pero por las circunstancias fueron también espectaculares, ya que los toreros sangrando --Pepín Líria por la pantorrilla y a Víctor Puerto por el muslo-- permanecieron en el ruedo. Pepín hasta que murió su toro pasando por su propio pie a la enfermaría después de dar la vuelta con la oreja de su enemigo; y Víctor, que fue cogido al entrar a matar, hasta que después de caer desvanecido al intentar el descabello fue llevado a la enfermaría por la asistencia. Gestos de dos toreros valientes que quieren ser figuras a toda costa.

Desde ese martes hasta el lunes siguiente, abril 21, se lidiaron doce corridas más de las trece anunciadas, ya que el plato fuerte del sábado 19 del mano-a-mano "El Tato"-Liria, triunfadores del viernes anterior y del año pasado, con los toros del ganadero Sánchez Ibarguen, también entonces ganador del "Trofeo 1996-Mejor Corrida", se suspendió por lluvia. La verdadera Feria dura una semana desde el lunes 14 hasta el domingo 19 de abril y durante esos días generalmente se programan los carteles más atractivos, incluyendo la dominguera tradicional y dura corrida de Miura. Se cerró la Feria taurina como es norma con la seria y encastada corrida de María Luisa Domínguez, la de los famosos 'pedrajas' de Guardiola.

Unas palabras con respecto a los toros que he visto lidiarse en Sevilla y que puede aplicarse al toro actual en general. Las reses de Miura, María Luisa Domínguez, y Victorino Martín han salido más o menos buenas, pero todos han dado la impresión de peligro debido a su acometividad y casta. Las faenas a esos toros transmiten emoción a los tendidos y el público percibe el peligro y aprecia cualquier cosa que haga el torero. Por el contrario vimos demasiados toros de las ganaderías más comerciales que salieron al ruedo gordos como cochinos y con aparente trapío, pero cual balón pinchado, parecían desinflarse después del primer largo puyazo, perdiendo fuerza y movilidad y adquiriendo sosería. Las faenas a estos toros carecieron de emoción dando la falsa impresión del débil animal tener bondad y falta de peligro. En estos casos los toreros exponen lo indecible porque un peligro mudo existe, pero el público aburrido no percibe el esfuerzo. Lógicamente las figuras evitan las ganaderías duras, pero sin embargo se frustran cuando a menudo no pueden redondear el éxito con bureles de las ganaderías más deseadas, que se paran después del primer pase y tienen que construir la faena a cuentagotas. Esto le ha pasado a Ponce en cuatro de sus seis toros. Algo positivo ha sido que los toros, aunque blandos, no se han caído, como a menudo sucede en otras ocasiones, y también que en una mayoría de corridas han habido uno o dos toros que han permitido el lucimiento del torero. La corrida de María Luisa Domínguez ha ganado el trofeo de la Maestranza otorgado a la mejor corrida y la de Victorino Martín, aunque sin ser demasiado brava para los caballos, ha dado tres toros buenos y encastados para los toreros. También se destacaron tres toros del ganadero sevillano Manolo González.

Sin hacer una crónica detallada de las actuaciones de cada torero en las corridas de Feria, haremos a continuación una breve evaluación de los protagonistas del serial de Feria, como ya la hemos hecho de las actuaciones de Romero, Ponce y "El Niño del Tentadero".

El absoluto triunfador de la feria ha sido "Joselito" que en la corrida de Manolo González triunfó con dos toros de diferentes cualidades. Al primero, un toro noble y bravo, aunque un poco quedado, después de torearlo maravillosamente de capote, le hizo una faena larga, ligada, artística, templada e inteligente que levantó a los espectadores de los asientos. La culminó con un magnífico volapié que tiro al toro sin puntilla. Cortó las dos orejas. En su segundo, un toro manso y sonso, estuvo por encima del burel, le sacó un par de series de pases buenos y al fulminarlo con otra gran estocada cortó la oreja, lo que le permitió abandonar la plaza a hombros por la Puerta del Príncipe. En su última corrida, la de Torrestrella, los toros no le permitieron el lucimiento con la muleta, aunque con el capote "Joselito" tuvo una competición en quites con Rivera Ordoñez, que enardeció a la concurrencia. Mató de nuevo como el 'as de espada' que es y fue aplaudido fuertemente. Se le otorgó el premio "Maestranza- Triunfador de la Feria" y lo que es más importante su toreo 'ha entrado en Sevilla'.

Rivera Ordóñez --un 'torero de Sevilla', ya que aquí tomó la alternativa el 1995 y se puso en figura. El año pasado no le acompaño la suerte, este año sin embargo se ha impuesto a la mala suerte en los sorteos para dejar claro que afición no se equivocó con él en el 95. Hemos visto a un torero con un valor seco jugándose la vida en busca del triunfo con toros que no le han ayudado. Además del valor, se le vio ejecutar un toreo clásico de capote y un toreo básico y profundo con la muleta, que cala hondo y rápidamente en los tendidos. Los engaños, lo mismo capote que muleta, son chicos, como para ofrecer más de su cuerpo al toro, y los maneja bajando la mano de tal manera que los arrastra lentamente por la arena forzando al toro a humillar llevándolo hacia dentro, nada de línea recta, dominándolo en el proceso. En su primera corrida, la de Joaquín Núñez, con toros mansos estuvo por encima de sus enemigos, sacándoles algunos pases buenos y matándolos bien. Saludó desde el tercio en ambos toros. En la corrida de Manolo González, con un lote inferior al de "Joselito", no quiso dejarse ganar la pelea y dio una lección de pundonor. Cortó una oreja en cada toro y estuvo cerca de también salir por la Puerta del Príncipe. En su última corrida, la de Torrestrella, tampoco encontró toros que valían, lo que no le evitó a mantener el alza su cartel. Fue fuertemente ovacionado en sus dos faenas. Esta tarde le vimos torear de capa magistralmente en competición con otro artista de la capa, "Joselito". Rivera Ordoñez sale de Sevilla como el AVE, a alta velocidad, si mantiene la misma marcha en Madrid y otras ferias puede llegar a la cumbre del toreo.

"El Tato" al ser el triunfador de la Feria del 96 debería ser un torero "adoptivo' de Sevilla, pero injustamente el empresario Canorrea no pensó así pues lo contrató a solo dos duras corridas y sin alternar con las grandes figuras. Como se equivocó el empresario, porque "El Tato" en la sola corrida que actuó, la de Victorino Martín --la otra se suspendió por lluvia-, cuajó una enorme y meritoria faena que le ha hecho ser el recipiente del premio "Maestranza-Mejor Faena". A su segundo, un toro con fuerza y temperamento pero que embestía bien, lo resquebrajó con unos inolvidables doblones que hicieron que el animal obedeciera a quien desde ese momento sería su amo. El toreo de "El Tato" no es de floritura, sino sobrio y dominante. Los pases son largos y templados, bien ligados y dados con valor natural. Las series se engarzaron unas con otras, con pases que progresaban en calidad. El toro era bueno pero de esos que son buenos solo porque tienen enfrente uno que doma las fieras con la muleta. Una gran estocada dio punto final a un toro que se fue al desolladero sin orejas. En su primer toro que tenía peligro había estado dominador y valiente saludando desde el tercio. Señor empresario, a este tesonero maño hay que darle el tratamiento de figura para la feria del 98. A "El Tato" se le ha metido en su cabeza y corazón baturro el ser figura y a este paso lo va conseguir muy pronto.

Pepín Liría, otro triunfador del pasado año, recibió el mismo mal trato que "El Tato", y junto con este fue contratado en similares condiciones. Pero también ha tenido su venganza, aunque a precio de una cornada, probando que merece mucho más. Pepín, con los Victorinos, no quiso irse sin cortar orejas y con dos toros difíciles nos tuvo en vilo, cuando derrochando valor les sacó a sus toros varias series buenas de clásicos pases. Mató muy bien ambos toros, cortando una oreja en cada uno. Pepín, un torero clásico y dominador, está en una situación similar a "El Tato", cortando orejas casi todas las tardes y a menudo teniendo que matar corridas duras. En Sevilla ha probado que la situación ha cambiado y que este año va a ser su año de ponerse en figura... y si no lo para el toro, nadie lo va a parar (Al escribir estas líneas he leído que el primero de mayo, ya fuera de feria, Pepín reapareció en Sevilla, matando seis toros, cortando tres orejas y saliendo por la Puerta del Príncipe). Abran paso a Liria que lleva dos años arreando y en Sevilla pegó muy duro.


Víctor Puerto puede considerarse otro triunfador en la feria, aunque solo cortó solo un trofeo en seis toros. La razón es que ha estado hecho un jabato en sus tres tardes. En su debut en la feria, el día 10 hizo una buena y variada faena a un toro apagado y mató bien. El público pidió la oreja merecida pero el presidente caprichosamente se la negó, quedando la cosa en vueltas al ruedos y pitos al usía por su testarudez. En su segundo, un mulo cansado, le sacó pases a base de exponer mucho y al matar pronto fue fuertemente ovacionado. En su segunda corrida se encontró con quizás el peor encierro de la feria, una corrida de remiendos y a pesar de eso siguió buscando el triunfo, siendo su labor silenciada en un toro y aplaudida en el otro. Sustituyó a Dávila Miura en la corrida del 16, encontrando ese día el éxito y la enfermería, al cortar una oreja en su primero y recibir una cornada en su segundo. Víctor, un torero que combina la clase con el toreo de recursos, ha demostrado en Sevilla que si la suerte no le llega, él la busca y está dispuesto a pagar con sangre la gloria del triunfo.

"El Litri", que hace tres años había triunfado en Sevilla con un toreo de emoción, que es su marca, sorprendió a la concurrencia, con una magnífica faena, ejecutada con arte, clase y gran temple. Mató en corto y por derecho con una gran estocada y consiguió una oreja de gran mérito y la revalidación de su toreo por el público; lo que no es fácil logro después de estar considerado durante diez años como un torero tremendista. En su segundo toro y en los de su segunda tarde solo pudo estar decidido, debido a las malas condiciones de sus astados. El espada ha mostrado en Sevilla una faceta torera que descubrió este invierno en Méjico.

Domingo Valderrama, en su sola corrida con los temidos Miuras, se encontró con un toro toreable y con un clásico marrajo miureño. Con el primero toreo bien de capote y con la muleta hizo una bonita, alegre y artística faena, mostrando un toreo con toques del casi olvidado y airoso estilo sevillano. Mató bien y cortó una oreja. Con el toro malo se defendió como pudo, pero siempre con valor. Fue ovacionado. Este diminuto torero merece mejores oportunidades, pues su estilismo luciría mejor con toros más cómodos.

"Chanaco", después de ser silenciada su labor en el primero, se encontró con buen toro de María Luisa Domínguez y lo aprovechó con una faena que combinó algunas series de templados pases con adornos unortodoxos y efectistas que calaron en los tendidos. Mató de un estoconazo y se le concedió una merecida oreja. El maestro necesitaba este triunfo y lo ha conseguido.

Eduardo Dávila Miura solo pudo torear la corrida de su alternativa, que se la concedió Emilio Muñoz. Dejó una buena impresión demostrando que puede avanzar en el nutrido escalafón de nuevos matadores. Con un toro de Jandilla de 567 kgs. hizo una faena corta pero lucida, que la remató con una buena estocada, que desgraciadamente necesitó de tres descabellos, lo que le privó de la oreja, pero no de una aclamada vuelta al ruedo. Se esperaba con expectación su repetición que por la razón aludida no llegó. Deja buen cartel.

Emilio Muñoz, un clásico torero, al que Sevilla considera suyo, y los populares "Jesulín" y "El Cordobés" no han justificado en sus actuaciones la posición privilegiada en que aparecían en los carteles. Emilio solo se esforzó en su ultimo toro de su tercera tarde. Pareció estar desganado. "Jesulín", aunque más decidido que Emilio, no hizo un esfuerzo para competir con "Tato" y Líria en la corrida de los Victorinos. En las otras dos corridas solo en un toro entusiasmó con su toreo. En honor a la verdad el público no estuvo en su favor y él no hizo lo necesario para cambiar esa aptitud. "El Codobés" tuvo buenos detalles con la capa pero con la muleta aunque estuvo valiente su toreo no convenció, aunque fue aplaudido en un par de toros por su decisión. Los tres dejaron la feria con un cartel disminuido.

Cumplieron en su única presentación, pero sin encontrar el éxito grande necesario para aumentar su cartel, los siguientes matadores: "El Fundi" y Oscar Higares con los Miuras; Fernando Cepeda toreo magistralmente con el capote; Vicente Bejarano salió al tercio a saludar en sus dos mansos Bohórquez; Javier Vázquez toreó con clase al último toro de la Feria. Tenía la oreja en la mano pero se le escapó por no matar bien. Todo quedó en el aplauso de la concurrencia.

Tres toreros tienen un sitio en el renglón negativo de la Feria: Ortega Cano, y los sevillanos Manolo Cortés y Julio Aparicio. El primero, después de dos mediocres temporadas había empezado su recuperación en Jaén el octubre pasado y este año llevaba una buena campaña en provincias, por lo cual se esperaba que Sevilla iba ser el marco de su renacimiento. Pero no ha sido así, se le ha visto sin sitio y se le fue el mejor toro de la Feria al concluir el ciclo de las corridas. Esperemos que esto solo sea un bache en el camino. Cortés ni siquiera decepcionó con su mala actuación con unos toros difíciles de Bohórquez, ya que habiendo toreado casi nada en los últimos años, su corrida solo era un motivo para decir adiós a Sevilla, donde por muchos años cosechó muchos éxitos. A veces es mejor escabullirse sin despedirse. El que no tiene excusa es Julio Aparicio, un torero muy joven con condiciones de figura, que ha perdido la afición y el deseo de torear. Estuvo francamente mal con toros aceptables y el público se lo hizo saber con grandes broncas.

La temporada de feria 1997 en Sevilla ha ofrecido de todo: bastante de lo bueno y lo regular, y poco de lo malo. En ella, la ciudad 'ha adoptado' a un veterano matador madrileño, "Joselito" y reafirmado su fe en una joven figura, Rivera Ordoñez, ha puesto en la órbita de figuras a "El Tato" y Líria, ha descubierto arte en "Litri", y ha dado un empujón hacia arriba al triunfador de Madrid del 96, Víctor Puerto, y como siempre ha aplaudido y mimado a su legendario Curro. Además la afición sevillana, una vez más ha enfatizado que prefiere ver en el albero de su Maestranza el toreo tradicional, elaborado con toros de trapío, ágiles y encastados, y no con mastodontes parados y desinflados.

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